ncarna una fuerza oculta que se manifiesta en las enfermedades y la muerte. Una tradición sembrada por generaciones convirtiéndose en parte profunda de la identidad cultural de esas comunidades. Pero al mismo tiempo esa divinidad misteriosa, tiene también otra misión que la hace mucho más compleja. Su presencia es también un resguardo de la afirmación cultural de esas etnias, de sus ríos, sus bosques y de sus montañas verticales. Es resistencia a los factores externos que pudieran destruir o borrar esa identidad cultural.
Como lo han precisado quienes han estudiado el significativo alcance del temido espíritu: “La relevancia de Kanaimé no se limita al pasado; es una realidad aún presente y sus ataques se consideran certeros e indudables”. La comprensión de Kanaimé es fundamental para apreciar la riqueza y complejidad del patrimonio espiritual de los pueblos indígenas de esa región y sus comunidades enclavadas en El Escudo Guayanés, la estructura geológica más antigua del planeta.
"— Tradición PemónLa montaña no habla a quienes gritan. Solo susurra a quien aprende el lenguaje del viento y el silencio de la piedra.
Es la tierra de los tepuyes con sus cascadas que caen desde paredes verticales que se desprenden de las elevadas mesetas con cimas planas únicas en el mundo. Estructuras que albergan ecosistemas únicos y especies endémicas.
Y allí está también el “Kerepakupai vená”, o Salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo y un espacio que junto a su impresionante belleza, también es respetado y temido por visitantes, exploradores, aventureros o científicos que ascienden a la cima ubicada en uno de los tepuyes más grandes de la región, con su salto de 979 metros.
No solo las comunidades que habitan esa antigua región se han topado con Kanaimé. La leyenda le atribuye a su espíritu y a cientos de almas que lo acompañan como las deidades que resguardan el Kerepakupai vená.
Otro aventurero venezolano y arriesgado piloto conocedor de esa región, cuenta en su libro recientemente publicado “El Ángel de Jimmie”. Jimmy Marull, que el Auyantepuy tiene en su cima un imponente cañón, del cual se desprende la cascada más alta del mundo. Para quienes intentan acercarse desde el aire, en aeroplanos y ver de cerca esa maravilla de la naturaleza, deben volar sobre ese cañón al que terminaron llamándolo “Cañón del Diablo” porque exige a los pilotos maniobras muy precisas y peligrosas.
Por tal razón muchos de los pilotos que suelen viajar y sobrevolar ese peligroso cañón, conocen y respetan a Kanaimé. Nos cuenta Marull que allí en esa cima, se encuentran los restos de más de sesenta aeronaves de todo tipo y tamaño que subestimaron el riesgo de entrar volando a ese estrecho lugar.
Entre esos sesenta aviones se encontraba el “Flamingo Río Caroní”, el avión del explorador Jimmie Angel, quien en una ocasión se arriesgó a aterrizar en la cumbre del Auyantepuy y la pequeña aeronave quedó allí enclavada en el suelo húmedo de la cima. Jimmie y sus acompañantes entre los que se encontraba su esposa, tardaron varios días en regresar al campamento luego de un peligroso ascenso por las laderas del tepuy. Después de un accidente el Flamingo permaneció en esa cima durante 33 años sometido al sol y a la lluvia. En 1964 fue declarado monumento histórico Nacional.
Narran las historias que el nombre de “Cañón del Diablo” se le atribuye a la presencia de esos “espíritus malignos” que cuidan el salto de agua y la cima del Auyantepuy. Para las culturas Pemón y Yekuana ese es el hogar del Dios Kanaimé al que no solo ahora, han temido los indígenas de la región, sino los visitantes y aventureros que durante más de un siglo han asumido riesgos para conocer de cerca los misterios que resguarda ese territorio que muchos llamaron el mundo perdido.
El nombre de Kanaimé quedó no sólo para identificar al temido espíritu que resguarda la región sino para todo el territorio al que se le conoce como Canaima que es hoy patrimonio de la humanidad anexado por la “Natural World Heritage”, que es la Convención adoptada por la Unesco para la protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural.